A balón parado

¿Se trata de ganar dinero o se trata de ganar títulos?

Es tarea casi imposible que una selección de futbol tan expuesta a los intereses comerciales, como lo es la mexicana, pueda establecer un proyecto deportivo serio, manejado con absoluta congruencia.

Más que una representación futbolística, el equipo que dirige el colombiano Juan Carlos Osorio es un botín financiero, un concepto que hay que explotar para atender a un poderoso mercado que la reclama.

No alcanzo a ver, en todo el mundo, una selección nacional que se maneje con estos criterios: ni la brasileña, ni la alemana o italiana, tan poderosas y ganadoras.

Por ello, bajo el nombre de selección mexicana de futbol hay que incluir partidos tan absurdos como el que se jugará hoy en Las Vegas, contra una representación de Islandia juvenil e inexperta.

Bajo el nombre de selección mexicana de futbol se incluye también a un grupo de jugadores dispar. No están ahora los mejores, ni los de mayor jerarquía o blasones internacionales. Todo porque con la selección nacional se hacen experimentos que no se quedan en un campo de entrenamiento, sino que se hacen descarados ensayos que se le cobran al público, y a los patrocinadores.

Pero todo esto, que puede juzgarse absurdo desde muchos puntos de vista, lo explica el mercado, el dinero, lo que esto le da de ganar a tantos.

Contra eso poco hay que alegar. Pues de alguna manera, al tratarse de una expresión deportiva profesional, ese es el chiste.

Solo algunos románticos muy respetables son los que pueden argumentar o reclamar que la selección mexicana de futbol deje de ser solo un negocio y se convierta en un proyecto deportivo verdaderamente competitivo.

Yo no soy tan romántico, pero sí creía (y bueno, sí creo), que la misión principal de una selección nacional de futbol es la de aspirar a ganar la mayor cantidad de títulos posibles y no solo la de ganar la mayor cantidad de dinero posible.

Pero con la mexicana esto no aplica. 

rafael.ocampo@milenio.com

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