A balón parado

La inocencia o culpabilidad de Ricardo La Volpe

Habló ya Ricardo La Volpe. Aportó un testimonio que deja más dudas de las que aclara. ¿Qué tenía que ponerse a investigar, ahora sí que en carne propia, si la podóloga se dedicaba a dar masajes a las articulaciones de los futbolistas, cuando su trabajo se limitaba a limpiarle las uñas y a quitarle los callos de los pies?

Si alguna duda o queja tenía del trabajo de esta persona lo que debió haber hecho es solicitar una investigación al área correspondiente del club. Lo suyo es la estrategia, el trabajo de campo, seleccionar a los refuerzos. No imponer disciplina a esos niveles.

Pero por La Volpe sabemos ahora que esta señorita daba terapia a las articulaciones y que usaba “árnica” para ello… Vaya detalles.

Algo reconoce el veterano entrenador que en ese diálogo, examen o lo que se deba llamar a lo que La Volpe intentó con la podóloga, pudo haberse excedido, pero en términos de lenguaje, nunca de lo que ahora muchos lo señalan y ligado a un acoso sexual.

Pero, asesorado por sus abogados, el ex entrenador de la selección nacional decidió no abundar en detalles de nada, alegando que no conocían (al momento de su comparecencia ante los medios), la demanda que la referida mujer había interpuesto en su contra.

En eso tiene razón, para qué hablar de algo que no se conoce. La duda sin embargo surgió de inmediato: ¿de verdad no se les había notificado?

Todo lo demás que señaló La Volpe para ilustrar un contexto o una realidad complicada en las Chivas, como eso de que no le pagaron lo que en un principio le habían ofrecido, o lo de que hay división entre Palencia y Herrero (los directivos) debido a que se manejan con promotores distintos. O lo de los soplones de Angélica Fuentes. Todo eso sale sobrando. Si de algo puede haber certeza es que Jorge Vergara no necesita inventarse una historia tan compleja para despedir a un entrenador.   

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