A balón parado

El inexplicable amor de Jorge Vergara

Decir que Chivas “ya tocó fondo”, es una declaración de impotencia por parte del argentino Matías Almeyda. Es una frase autolapidaria que no debería de interpretarse como una autocrítica que puede posibilitar un resurgimiento. Lo que sigue es que este hombre se aparte de la dirección técnica del equipo de futbol más popular de este país.

No puede Almeyda. No ha podido y no hay señal alguna de que podrá. Aquí no aplica ya el concepto continuidad que muy a menudo se le reclama al propietario de los rojiblancos, Jorge Vergara.

Pero, al parecer, ahora hay que convencerlo de que despida a su entrenador, al que le ha declarado un inexplicable amor.

Para información de Almeyda este no es el fondo que puede pisar el Guadalajara. Hay varios escalones todavía en su inevitable camino a la deshonra deportiva. Tan sólo en este torneo puede seguir perdiendo y convertirse en el último lugar… No en éste (pues los Dorados reclaman con pleno derecho su sitio como el peor del torneo), pero sí en el año que entra pudieran bajar de división.

Eso sí que sería tocar fondo. Así que la frase a la que recurrió el director técnico para explicar la derrota sufrida ayer al mediodía en su estadio, contra el León, no es más que una frase retórica, muy sacada de la manga.

¿Por qué habría que creerle de que ya no puede haber algo peor para su equipo? Las Chivas no saben cómo defender los balones por alto, ni a cobro de falta ni en jugada en movimiento. Tampoco tienen presencia de área, como para hacerle daño a los rivales… Menos exhiben control de balón. Son un equipo entusiasta y correlón, virtudes que ya no alcanzan para mucho en el profesionalismo.

Gran ecuación la que tendrá que resolver Vergara, una que empieza por resolver su enorme disyuntiva: el amor por un entrenador que hace meses le dio un título de Copa o alejarse de él para evitar que su equipo siga en declive.  

 

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