A balón parado

La incontrolable comezón del “Piojo”

Es cierto que Miguel Herrera no debe disponer de pilmamas que estén al pendiente y al cuidado de lo que dice y hace en cuanta entrevista o rueda de prensa se le ocurre dar.

Aquí mismo he celebrado su estilo frontal y directo para hablar sobre los asuntos que componen su responsabilidad como entrenador de la selección mexicana de futbol que se prepara para participar en el Mundial de Brasil.

Pero una cosa es hablar sin rodeos y otra utilizar palabras que más que aclarar las cosas, terminen por incendiarlas.

Decir, por ejemplo, que los entrenadores que lo han criticado (Pedro Caixinha y Tomás Boy), lo hacen porque le tienen “envidia” no me parece ni exacto ni apropiado ni tampoco inteligente. Por supuesto que tiene que entrarle a los temas difíciles y responder a quienes ponen en duda, pero con argumentos y datos, no con descalificaciones o con frases que en lugar de cerrar amplíen los cuestionamientos.

¿Qué van a responderle ahora tanto Caixinha como Boy, a los que carácter y talante polémico no les falta? Pues, como mínimo, con descalificaciones de la misma envergadura.

¿Y luego qué? ¿El Piojo contraatacará?

Herrera tiene que aprender a responder con frialdad, a no enojarse o calentarse. Sobre este mismo tema ya lo había hecho a su salida a Atlanta, en pleno aeropuerto de la Ciudad de México. Pero llegando a esta ciudad (donde el Tri jugará mañana contra Nigeria), cuando se le volvió a cuestionar sobre un tema que ya había hablado, no sólo no pudo quedarse callado, sino salió con el cuento de la referida “envidia”.

El Piojo debe de saber que cuenta con poco tiempo y espacio para concentrarse en lo que luce como un reto insuperable: conseguir que su equipo supere, cuando menos, la primera ronda en Brasil. Mientras más se meta en su chamba de análisis de los rivales y en crear variantes que potencien a los suyos, tendrá menos tiempo para andar haciéndose el chistoso o el entrón.  

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