A balón parado

El inapropiado mensaje de un entrenador incuestionable

Gustavo Matosas ha demostrado ser un gran entrenador de futbol. Justo campeón de la Liga MX con el León, el uruguayo aparece hoy como un personaje incuestionable.

O al menos irreprochable en lo que hace sobre la cancha, porque alguien de su directiva, y con justa razón, podría sentirse extrañado, si no es que hasta dolido, por el hecho de que este hombre no ha perdido cuanta oportunidad ha tenido luego de coronarse la noche del domingo en el Estadio Azteca, para manejar en público un asunto que debería de ser manejado en lo privado: su contrato, su sueldo y los premios que obtiene por conseguir los objetivos.

Matosas sorprendió al hablar sin tapujos, la noche del domingo mismo, en plena conferencia de prensa en el Azteca, de su situación contractual. Si se entendió bien, reconoce que le queda todavía por cumplir un año y medio de contrato, pero que al resultar campeón, espera se mejore de forma sustancial su percepción salarial. Si esto no sucede, él se iría.

Lo dijo, de forma muy clara, en esa reunión masiva con los medios, pero después se ha encargado de difundirla y hasta precisarla en cuanta entrevista particular o exclusiva concede.

¿A quién le está mandando este mensaje Matosas? ¿No es suficiente el diálogo e interlocución que sostiene con Jesús Martínez Murguía, el joven presidente del León? ¿Quiere que el tema se lo resuelvan Carlos Slim o Arturo Elías Ayub, que se asociaron con Grupo Pachuca y aparecen cada vez más visibles como los reales dueños del equipo esmeralda?

   A mí no me parece de buen gusto airear un tema de relevancia íntima de forma tan pública. El tema puede ilustrar falta de comunicación adecuada entre el entrenador y sus directivos, los que contraviene los discursos públicos de ambos. Pero también da vida a una presión hasta un tanto chantajista en contra de la directiva. Creo que así no se hacen las cosas. 

rafael.ocampo@milenio.com

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