A balón parado

El imposible olvido, el necesario recuerdo

Leo que Jesús Corona, uno de los porteros convocados por Juan Carlos Osorio para encarar los partidos que jugará la selección nacional contra El Salvador y Honduras, pide que se olvide ya el capítulo tristísimo del 7-0 con el que los chilenos los dejaron fuera de la Copa América Centenario en junio pasado.

Tarea imposible. Nada hará que esa derrota deje de generar escarnio, enojo, vergüenza. El 7-0 mismo, con unos jugadores nacionales actuando como autómatas. Ni tampoco lo que sucedió después: un entrenador asumiendo toda la responsabilidad pero incapaz de aplicarse un castigo; unos directivos incapaces de explicar por qué se registró una eliminación de esa manera cuando todo parecía que iba tan bien.

Pero, sobre todo, unos jugadores absolutamente inconscientes. La mayoría de ellos convertidos en divos intocables, incuestionables y soberbios.

Creo que Jesús Corona y todos los jugadores que participaron en esa tragedia futbolística, no solo no deben de pedir que esto se olvide, sino sacar conclusiones firmes de esa terrible goleada. Tenerla muy presente para que no se vuelva a repetir, ni aproximarse.

El equipo nacional mexicano había sabido enfrentar a esta selección chilena, doble campeona de la Copa América, de forma muy competitiva. Lo hicieron en el torneo en el que fueron anfitriones de este evento, en el 2015, en pleno Estadio Nacional de Santiago. Un vibrante empate a tres goles, desafiando con un conjunto alternativo a una escuadra plagada de figuras que brillaban en algunos de los mejores clubes europeos. Luego, ya en este 2016, en partidos preparatorios precisamente para la Copa que conmemoró el centenario del torneo en ciudades y estadios de Estados Unidos.

Por ello la hecatombe de Santa Clara trastornó todo y a todos. La Copa América más asequible para México terminó de una manera traumatizante, humillante. Nada ni nadie hará que se olvide. 

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