A balón parado

El imposible arte de quedar bien con todos en una convocatoria

Ojalá que la selección mexicana de futbol no se quede sin anotar el próximo viernes por la noche en Vancouver, cuando enfrente en partido de eliminatoria mundialista al representativo de Canadá.

Ante este escenario, aparecerían de inmediato, en automático, los “expertos” periodistas deportivos, casi al unísono, enjuiciando duramente al entrenador Juan Carlos Osorio por no haber convocado a Oribe Peralta.

No recordarían, ni dirían lo que publicaron o seguramente pensaban semanas atrás: que el delantero del América se encontraba en franco declive, tan evidente que hasta en el análisis del más simplón de esos “profesionales de la información” su llamado a la selección hubiera resultado una afrenta.

Pero como el ex del Santos Laguna se puso las pilas en las últimas jornadas y aprovechó el extraordinario nivel alcanzado por compañeros de club como Rubens Sambueza, ahora está segundo en la clasificación de goleadores; entonces sí, sus anteriores críticos lo alaban.

El caso es hablar de la selección nacional. Y si se le puede pegar al entrenador en turnom pues qué mejor. Qué importa con qué.

Lo he escrito siempre: un director técnico de una selección nacional tiene el derecho de llamar a quien considere que le puede aportar mejores cosas.

¿Quién puede refutar que en la posición de centro delantero, antes que Oribe, deberían estar Javier Chicharito Hernández y Raúl Jiménez? Estos sí llamados para el doble enfrentamiento contra los canadienses.

Estaría de acuerdo en que el tercer convocado por Osorio en esta posición, el jugador de los Pumas, Eduardo Herrera, puede tener menos blasones, pero su estilo, puede decir Osorio, se adapta mejor a lo que él busca.

Como quiera que sea, el señor Osorio tendrá que mandar un mensaje de apertura permanente y de motivación a todos los jugadores con derecho a ser llamados a la selección mexicana de futbol. 

 

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