A balón parado

Un poco de honestidad …Por favor

Un torneo que define el descenso pone a prueba la integridad moral no nada más de los árbitros y de quienes manejan la Comisión en la que éstos se agrupan.

Estarán a prueba los propietarios, directivos y entrenadores de los equipos que marchan en las últimas posiciones, clubes como el Atlante, el Atlas, Chiapas…

Sobre todo en el caso de los azulgranas y rojinegros, que se han mandado mensajes en los que se ponen con cierta facilidad a especular acerca de su condición de víctimas propiciatorias.

Tomás Boy, el entrenador del Atlas, por un lado… José Antonio García, el presidente del Atlante, por el otro.

Bien harían ambos personajes, pintorescos, legítimos, conocedores, en aceptar que cuando menos en la primera jornada los que se equivocaron terriblemente fueron los integrantes de sus equipos.

No le haría mal a nadie un poco de honestidad. Dejar claro que se pueden aceptar los errores propios de forma inmediata y quizá eso le de más validez a futuros reclamos, porque seguramente habrá errores arbitrales (conociendo el deficiente nivel que mantienen), que terminen perjudicando a uno y otro.

El Atlas falló un penal por conducto de Edson Rivera. En el Atlante, aunque parezca increíble, fallaron dos penales: Narciso Mina y Michael Arroyo.

Y no sólo las penas máximas. Ambos equipos dejaron de aprovechar su condición de local, con magros empates que dejaron las cosas igualitas para los dos, pero con menos tiempo.

Y con todo esto no quiero decir que se deban descartar por decreto cualquier tipo de sospecha que implique cierta tendencia en contra de uno u otro de estos equipos involucrados en el desastre del descenso. Pero sí que cualquier observación o crítica deba de ser acompañada por pruebas, irrefutables sí se puede.

Pero inventar o dejar de ver la realidad, ignorando la autocrítica, eso sí no se vale. 

rafael.ocampo@milenio.com

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