A balón parado

Lo que se hizo mal y lo que se hizo bien en el Jalisco

Lo que sucedió ayer en el Estadio Jalisco, tras concluir el partido entre el Atlas y el Monterrey, debe de ser considerado como algo realmente grave.

Cuando los no más de 300 aficionados de los Rayados que decidieron ir a apoyar a su equipo a Guadalajara, eran escoltados rumbo a sus camiones, para que tomaran carretera rumbo a Monterrey, fueron agredidos de forma realmente salvaje por un numeroso grupo de jóvenes aficionados del Atlas.

De inmediato, en lo que debe ser considerado como una buena medida, la policía decidió regresar a las tribunas y luego a la cancha a los aficionados del equipo visitante. Entonces, el cuerpo policiaco hizo frente a los violentos, cerrando las rejas de acceso al inmueble y encarando con sus escudos y toletes, luego con gas lacrimógeno, la arremetida con piedras y tubos de estos tipos, que no deben de ser más que considerados unos verdaderos criminales.

Tras varios minutos de batalla, cuando llegaron refuerzos, la policía pudo ahuyentar a los violentos, reportando 20 lesionados y tan sólo tres detenidos.

En la cancha del estadio Jalisco los aficionados de los Rayados, ninguno caracterizado como barra radical, verdaderamente asustados esperaban que les indicaran qué iba a pasar con ellos, en qué momento podrían salir. Los gases lacrimógenos empezaron entonces a aparecer en el ambiente de la cancha, generando molestias y nerviosismo extremo.

Se decía que los violentos querían a fuerza ingresar al estadio para agredir a los aficionados rayados, y que esto podría pasar dada la debilidad policiaca, en cualquier momento.

La noche del domingo en el Estadio Jalisco no ocurrió algo todavía más terrible, hay que reconocerlo también, porque ante la tensión de los hechos alguien decidió proteger a los aficionados agredidos bajándolos al terreno de juego. 

 

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