A balón parado

El gran rol de Ricardo Peláez en este fracturado Tri

Tuve la suerte, como periodista, de que Ricardo Peláez se sentara en la silla contigua a la mía la noche del viernes pasado en la que Miguel Herrera tuvo que salir a dar la conferencia de prensa más amarga de su breve historia como entrenador de la selección mexicana de futbol.

No hubiera encontrado en esos momentos aciagos para el Tri, una mejor ocasión de enterarme de primera mano de la forma en la que se había vivido la pérdida definitiva en la lista de 23 jugadores para el Mundial, de un hombre considerado no sólo titular indiscutible, sino el elemento ofensivo más desequilibrante y novedoso en una propuesta un tanto escasa de individualidades de peso.

El director deportivo del Tri, ex editorialista de La Afición y por ello puedo decir muy buen amigo mío, estaba encendido en la conmoción que le producía todavía en ese momento la fractura de tibia y peroné que había sufrido Luis Montes.

Alerta al máximo, atentísimo con mirada y oído a lo que iba a decir Miguel desde el estrado segundos después, se dio tiempo para confiarme lo sensiblemente lastimado que se encontraba el proyecto ante lo que acababa de pasar con Montes.

De lo que faltaba por saberse me fue contando prácticamente lo que el Piojo se encargaría de decir ante el micrófono… Las lágrimas de varios seleccionados, el desánimo que por momentos cuestionó si tenía sentido salir a jugar el segundo tiempo del duelo ante los ecuatorianos.

Pero de lo que sólo le tocaba a él como directivo extraigo lo que más me parece digno de destacar: el compromiso de Ricardo para sacar al equipo del hoyo anímico en el que se encuentra metido, sabiendo que si a alguien le toca jugar con mayor ahínco ese rol es a él. Por su forma de ser enfática e incisiva, porque tiene la autoridad y el conocimiento para ejercerlo, porque Miguel Herrera necesita concentrarse en lo estratégico y táctico… Queda en manos de Ricardo Peláez convertirse en mucho más que en el gran motivador de siempre. Él lo sabe.  

 

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