A balón parado

La gloria más allá de los puñetazos y reclamos

Un entrenador que parecía desahuciado, condenado a vivir el oprobio de sus errores garrafales, ha encontrado el camino del éxito de la mano de una madurez que parecía le estaba negada.

Hablo de Miguel Herrera, el entrenador de los superlíderes Xolos de Tijuana. Tras un primer torneo completo dirigiendo a este equipo, un torneo francamente muy malo, el popularmente conocido como Piojo ha sorprendido. Sus Xolos son una escuadra agradable, muy bien armada en cada una de sus líneas. Se defienden muy bien y atacan con lo necesario para ganar los partidos.

No es trabajo de un solo hombre este que está llevando al equipo tijuanense a ser protagonista de la Liga nuevamente. Destaco el trabajo del joven propietario Jorge Alberto Hank, quien apostó por Herrera seguramente desembolsando una buena cantidad de dinero, al mismo tiempo que tuvo la capacidad para convencer al entrenador con un proyecto deportivo atractivo.

Pero se nota que el Piojo tuvo una labor destacada en la selección de los refuerzos y en la puesta a punto de los jugadores con los que se decidió su continuidad. Hubo decisiones complicadas como la ratificación en la portería de un Federico Vilar que dio evidentes muestras de desánimo y desgaste el torneo anterior. O la salida de un referente en la defensiva al mismo tiempo que capitán, Javier Gandolfi. Convencer de que se quedara al colombiano Dayro Moreno, con varias novias ofreciéndole el altar, tampoco fue tarea nada sencilla. Xolos, junto a los Tigres y el Pachuca aparece hoy como el equipo favorito a quedarse con el campeonato. Ni las Chivas o los Pumas o el América parecen estar en condiciones de pelearle a estos tres esta condición.

De regreso a Herrera y su metamorfosis, hay que destacar que ésta vino de la mano de la prudencia que parecía no tener cabida en él. Se quedó callado, se puso a trabajar y miren lo que está logrando. El Piojo ya ni siquiera se pelea tanto con los árbitros. 

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