A balón parado

Más que ganar una Copa, apareció un camino que no debe abandonarse

Qué bien sabe ganar sin que te regalen nada para lograrlo. La selección mexicana de futbol ganó de forma rotunda, autoritaria y merecida la Final de la Copa Oro de la Concacaf.

Quedará en la memoria la forma penosa en la que se logró eliminar a los panameños en aquella semifinal contra los panameños. De eso no debe quedar duda.

Pero ayer en Filadelfia el equipo mexicano dio una muestra importante de que puede, cuando se lo propone, dar partidos que ratifiquen lo que todo mundo cree de ellos: que son los mejores del área.

Nadie ayudó a los dirigidos por Miguel Herrera a ganarle a Jamaica. O no al menos el cuerpo arbitral. Ganaron porque salieron a la cancha absolutamente concentrados, decididos a demostrar que eran mejores. Nulificaron al rival y con un juego dinámico y esforzado, sin desplantes de soberbia, ganaron, metieron goles y se defendieron bien.

Bienvenido el festejo, pero también un recorrido por la memoria de lo que ha sido este campeonato. La selección que seguirá dirigiendo Herrera enfrentará ahora un partido fundamental contra los Estados Unidos el 9 de octubre en busca del boleto para la Copa Confederaciones. Y luego vendrán las eliminatorias mundialistas. Para llegar al hexagonal final rumbo a Rusia 2018 tendrán que eliminar de entrada a Honduras y quizás a El Salvador y a Canadá.

Solo lo van a conseguir jugando como salieron a hacerlo anoche en Filadelfia. Siendo serios todos, poniendo a jugar a los que mejor se encuentren, no a los que mejor currículum presenten. Definiendo un cuadro titular y ensayando con él cada que se pueda.

El área de Concacaf, ha quedado otra vez muy claro, puede ser incómoda y peligrosa. Aquí pueden rodar cabezas y se pueden ver frustrados proyectos. Hay evidencias de sobra.

Anoche no se ganó una copa, se descubrió un camino que nadie que forme este equipo debe dejar de andar: humildad, trabajo, sensatez y concentración.  

 

rafael.ocampo@milenio.com

twitter@rocampo