A balón parado

La noche que acabó con las maldiciones

No es buen negocio apostarle todo, en una final, a los penales. Que lo digan las Chivas que tanto orgullo le habían dado a Jorge Vergara en las últimas semanas.

Y menos negocio es cuando en el otro equipo crece la figura de un portero al grado de héroe. Y eso fue el brasileño Thiago Volpi para los Gallos Blancos del Querétaro anoche. Paró penaltis y metió uno. Contra su enorme figura ya no pudieron hacer nada los rojiblancos.

Ojalá Vergara y Almeyda y compañía hagan autocrítica y así como le dieron con todo al América en la semifinal de este torneo, hace apenas unos días, reconozcan que les faltó en La Corregidora ambición y atrevimiento.

Con esa actitud en la Liguilla a la que están ya invitados, no van a lograr mucho.

Al Guadalajara le ganó la Copa Mx un equipo bastante mediano, por no decir malo. Esta temporada ha sido un desastre para los dirigidos por Víctor Manuel Vucetich. Pero ayer fueron mejores.

Con este hombre al frente los queretanos perdieron un torneo de liga hace no mucho ante el Santos Laguna. Así que es su primer gran reconocimiento y tienen todo el derecho del mundo de festejarlo como lo festejaron: directivos, cuerpo técnico y jugadores, pero sobre todo una afición terriblemente castigada.

En los últimos años se habló muchísimo de la “La maldición de La Corregidora”, un estadio que condenaba a todos los equipos que jugaban ahí de locales, al descenso de categoría. Pues se acabó.

Como se acabó anoche también “La Maldición de la Cabra” que impedía a los Cachorros de Chicago coronarse en el mejor beisbol del planeta, el de Estados Unidos.

Qué partido dramático. Los Cachorros ganando una serie que parecía perdida ante los Indios de Cleveland. Tres triunfos consecutivos que no solo hicieron que explotara en júbilo gran parte de esta maravillosa ciudad estadunidense, sino toda la gente que en muchas partes del mundo tomaron la causa de este equipo como suya.  

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