A balón parado

Las buenas noticias que llegan de Europa

Hasta hace pocos años cuando un futbolista mexicano iba al futbol europeo, había que imaginar de inmediato el escenario de que ante una mala temporada, éste estaría de regreso de inmediato en alguno de los clubes mexicanos más poderosos.

Las dos grandes excepciones en esta historia fueron Hugo Sánchez y Rafael Márquez. Ambos con grandiosas carreras en el Real Madrid y el Barcelona, respectivamente.

Hacer un listado de los caídos abarcaría varias líneas de este texto y no es el caso. El punto es que ahora, gracias a lo que usted quiera (puede ser que porque tengan mejores representantes), el futbolista mexicano que llega al futbol europeo se mueve de un club a otro y prolonga sus carreras en Ligas de gran competitividad.

Vean los años que llevan ya por allá Javier Hernández, Carlos Vela, Héctor Moreno, Andrés Guardado, Miguel Layún, Guillermo Ochoa… Y por ahí se encaminan Diego Reyes, Raúl Jiménez, Jesús Corona. Ojalá también sigan la misma ruta Marco Fabián y Carlos Salcedo.

El caso de Jonathan dos Santos es diferente pues junto con su hermano Giovani fueron reclutados desde adolescentes por la escuela del Barcelona.

Además de tener buenos representantes y de jugar a un buen y regular nivel, en el caso de todos ellos ha estado la voluntad de quedarse y de triunfar lejos de la tierra que los mima. Todos han tenido ofertas apetitosas para volver y convertirse en figuras de la Liga Mx. Y han tenido la capacidad de aguantar los cañonazos de billetes.

El tema planteado aquí parecería tener una repercusión absolutamente individual, pero no, marca un desarrollo del futbolista mexicano. Un crecimiento en su capacidad futbolística y en su capacidad de adaptación y en su mentalidad.

Esto debe forzosamente que repercutir en un mejor desempeño de la selección nacional y ahora sí justifica la creación de un cuadro de exigencia en la crítica que se hace del representativo mexicano. 

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