A balón parado

Un futbol tan disparejo que al final empareja todo en la emoción

Le faltaba al futbol mexicano este otro ingrediente de rareza para completar su cuadro de liga muy diferente. Tras dos finales consecutivas jugadas casi de forma similar, uno debe de empezar a creer que de verdad aquí todo, hasta lo impensable, puede suceder.

Nadie apostaba un comino por los Pumas en el juego de vuelta jugado anoche en el Olímpico de Ciudad Universitaria. Se trajeron de Monterrey una losa en forma de un 3-0 en contra. Además, un 3-0 incontestable y justo, que hizo ver espantosamente mal a los dirigidos por Guillermo Vázquez.

Bueno pues tres días después todo fue diferente. Pumas fue el único equipo que brilló, virtuoso, valiente, preciso y acertado. ¿Dónde extraviaron estos jugadores tantas virtudes? Nadie sabe. Y la misma pregunta se aplica para los contrarios. Tigres no jugó la final, fue un fantasma.

Tanta disparidad de rivales entre un partido y otro, al final, empareja creo yo un poco grotescamente todo.

¿Está bien describir el drama y la emoción que esto produce como una virtud? ¿No debería de ser esta irregularidad un inevitable desperfecto, algo que debería de dar un poquito de pena? Así fue, ¿lo recuerdan? hace apenas unos meses en aquella final que jugaron Santos Laguna contra Querétaro. Una goleada bestial de 5-0 en Torreón a favor de los verdiblancos y en la vuelta en La Corregidora con unos Gallos Blancos inspirados en el primer tiempo que por poco le dan la vuelta.

Acepto que existan muchos a los que esto les encante y vean en este drama el inicio de la redención de una liga que, ciertamente, se ha tornado espectacular y atractiva.

Preferiría un espectáculo así de llamativo pero con más calidad. Digamos un 3-3 en la ida y un 3-3 en la vuelta y si tienen que llegar los penaltis pues bienvenidos.

Como sea acepto plenamente que no me despegué un instante del televisor y que esta final reflejó plenamente lo que fue un torneo que, sin duda alguna, hizo afición.  

 

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