A balón parado

El futbol, como el amor…

Antes de pretender comprar los derechos federativos de un jugador de futbol, cualquier directivo debe de preguntar primero si a ese futbolista le interesa jugar en su equipo.

Si la respuesta es no, o es de carácter ambigua, o lo que se lee en el pretendido refuerzo es indecisión, lo mejor es cambiar de planes, buscar por otro lado y alejarse con discreción y dignidad.

En las últimas horas, el propio presidente del Barcelona, José María Bartomeu, se ha encargado de decir que ellos quieren que Neymar se quede en su equipo, que lo necesitan... Pero reconoce que la decisión final será la del propio astro brasileño.

Si Neymar se quiere ir, se terminará alejando de los blaugranas, pese a su amistad con Messi, Suárez y Piqué... Sobre todo porque hay un empresario muy poderoso, el jeque dueño del París Saint-Germain, que está dispuesto a pagar la cláusula de rescisión del contrato que tiene, cifrada en 222 millones de euros. Lo que nadie ha pagado nunca por un futbolista.

De regreso a nuestra Liga, resulta que el América quiso reforzarse con Jonathan dos Santos. Pero por lo que se ve no le preguntaron antes al jugador si a él le interesaba jugar con las Águilas.

Ciertamente, la directiva del América fue relativamente discreta. Poco realmente se supo de lo que ofrecieron al Villarreal de España por el jugador y cuánto le propusieron de sueldo a Jonathan. El tema es que ahora que se ha dado a conocer que el hermano de Giovani va a recalar en el Galaxy de Los Ángeles, su estrategia fallida la han expuesto ellos mismos.

Resulta que sí buscaron a Jonathan, pero por lo que se ve, éste literalmente los ignoró. Si es cierto que el Galaxy al final pagó o pagará al Villarreal 5 millones de euros o de dólares, era una suma que el América pudo haber pagado sin tantos apuros (se paga mucho más por otros jugadores sin la calidad de éste).

Este es el problema cuando se ponen los ojos en un objetivo inalcanzable.

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo