A balón parado

Hay que decirle fracaso a lo que es fracaso y punto

Cada cuatro años, con motivo de unos Juegos Olímpicos, la palabra o el concepto fracaso se vuelve un asunto que genera enormes debates.

Aparecen, por racimos, aquellos que se incomodan o de plano se molestan, porque se diga que tal o cual deportista o tal o cual federación, fracasó al no conseguir más que derrotas.

Y, por el otro lado, los que se dan vuelo endilgando a diestra y siniestra el mote de fracasados a esos atletas que se quedaron marginados de las medallas.

La realidad se define a partir de un punto medio.

Merecen ser catalogados como fracasos los desempeños que no alcanzaron las metas establecidas. Y hasta ahí. Y merecen pleno reconocimiento aquellos que, aunque no consiguieran una medalla, supieron mejorar su rendimiento.

Así de sencillo.

En el caso de la selección de futbol que llegó a Río 2016 con la encomienda de defender la medalla de oro conseguida en Londres 2012, por supuesto que es un fracaso.

No hay que temerle a establecer ese juicio. La selección olímpica no solo fracasó sino que hizo el ridículo. Este equipo no estaba para ser campeón, pero tampoco para quedar eliminado en la primera ronda.

Tendrían que venir no nada más juicios severos, sino decisiones severas por parte de la Federación Mexicana de Futbol. ¿Se merece Gutiérrez seguir al frente del proyecto Sub 23?

¿Y no se tendría que revisar a fondo el programa de trabajo que llevan a cabo federaciones como la natación, en su rubro clavados, o la de tiro con arco?

Ya ni hablemos de la de boxeo o de atletismo, que han sido cotos inexpugnables...

Vamos a esperar un poco más. Cada día falta menos para que concluyan los juegos de Río, el gran examen del deporte mexicano. Algo que empieza en una fiesta y termina casi en tragedia.

Terminarán y será el arranque de una etapa que ojalá de verdad sea llevado a fondo.

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