A balón parado

La final que, sobre todo, perdió el "Tuca"

Que los Tigres hubieran tenido la capacidad de llegar a la final de la Copa Libertadores, cumpliendo una campaña exitosa, por supuesto que no puede ser calificado de ridículo. Sí lo fue, al menos a mi juicio, su desempeño en los dos juegos de la final ante el River Plate, sobre todo el de la noche del miércoles en el Monumental de Buenos Aires.

El equipo argentino no tuvo a su entrenador en la zona de banca, debido a que cumplía una sanción por haber sido expulsado en el partido jugado en el Volcán… No dispuso de varios titulares debido a lesiones… Conformó su cuadro con jugadores, como lo escribí ayer, de modesta trayectoria, del tipo Nicolás Bertolo o Carlos Sánchez (que con Cruz Azul y Puebla pasaron desapercibidos) o por veteranos ya sin fuelle, como Fernando Cavenaghi (que en el Pachuca no aportó nada de lo que de él se esperaba).

Tigres se armó para disputar la final, se sabe ya, con refuerzos que sonaron hasta extravagantes: el francés Gignac, el nigeriano Uche… Repatriaron a Javier Aquino… Sacudieron el mercado con el joven sensación Jurgen Damm… Y lo único que consiguieron fue conflictuar el estado de un equipo titular que tuvo que sacrificar al ecuatoriano Joffre Guerrón, pues simplemente no caben tantos delanteros en una formación titular.

No estaba el cuadro pintado como para que en el juego de ida se firmara un 0-0 y en el de vuelta, con muchas cosas a favor, se agachara la cabeza con un 3-0 en contra.

Por supuesto que hay responsables que deben de ser señalados. Empezando por el entrenador Ricardo Ferretti, que perdió la batalla táctica contra Marcelo Gallardo. Nunca supo el Tuca cómo superar lo que su colega rival le planteó. Desapareció justo cuando debía hacerse presente, reclamando como suyo ese lugar que ya se le otorga como seleccionador nacional. ¿Ahora quién se atreve a candidatearlo? 

 

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