A balón parado

Una final en la absoluta penumbra…

Por un lado André Pierre Gignac, excelso el francés, qué potencia para arrancar, qué clase y efectividad a la hora de ponerse frente al portero rival.

Por el otro, un Oribe Peralta sobrado a la hora de cobrar un penal que se le había marcado por una falta inexistente.

Luego, el gol del empate, a la mitad del segundo tiempo. Un cobro de tiro de esquina que remata con la cabeza el defensor incorporado al ataque, Pablo Aguilar y que prolonga con dirección a las redes otro defensor en posición ofensiva, Bruno Valdez.

Tres momentos que definen el primer partido de la final navideña del futbol mexicano.

Pongamos otro: la lesión de Gignac que obligó a su entrenador a sacarlo de la cancha, una acción en la que debió haberse marcado penalti contra el América, porque Valdez llegó a golpearlo por atrás.

Un partido como se esperaba, protagonizado por las figuras de ambos equipos, aunque no de forma excesiva, apenas suficiente, podría decirse. Protagonizada también por el árbitro Paul Delgadillo, para mal: regalando un penal y negando otro...

Pero sobre todo un primer juego dominado, como era lógico también, por la precaución y el oficio de los dos experimentados entrenadores.

Como sea, el América fue mejor. Tigres no existió en el primer tiempo, quitando el brillante momento de Gignac, casi todo fue de los de La Volpe, pero sin claridad al frente. Empezó mejor el segundo tiempo el equipo regio, pero durante poco tiempo, luego el América se vio mejor, sin exagerar.

Es una final viva para el próximo domingo, pero no será muy diferente a este juego que vimos en el Azteca.

Y sí, aunque suene a lugar común, la puede ganar cualquiera. Ninguno de los dos equipos se vio afectado o beneficiado por el absurdo calendario que llevó a que este juego se llevara a cabo en plena Navidad, creo que Tigres debe ganar, pero...

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