A balón parado

El fin de los Mundiales, Rusia y Qatar será otra cosa

No imagino una Copa del Mundo en Rusia, mucho menos en Qatar. Pero en 2018 y en 2022 ahí van a realizarse, esa fue la decisión “democrática” de la FIFA, una organización vertical y para muchos autoritaria.

Brasil, para mí, organizó un gran Mundial. Aunque suene cursi, lo fue sobre todo por la extraordinaria calidez y gran trato de los brasileños. Hablo de la gente, del ciudadano que de pronto vio como miles y miles de extranjeros llegaron y se apoderaron de su cotidianidad. Siempre atentos, amables, serviciales y muy tolerantes.

Luego reparo en los escenarios en los que nos movimos todos los que estuvimos acá, las calles, las plazas, las playas. Con un clima, pese a lo diverso entre el caluroso norte y el frío sur, muy disfrutable. No hablo de los estadios, que ya todos se parecen a todos y estando en ellos uno no puede distinguir si se trata de uno brasileño o europeo o estadunidense. Desde que se inventaron los grandes palcos VIP y las zonas de Hospitality, la FIFA los ha convertido en el mismo edificio.

Pero lo más complicado de igualar, lo imposible de repetir, es el espíritu futbolero, el amor, la pasión, el conocimiento que se tiene por este deporte.

Por más que los rusos jueguen al futbol desde siempre, nunca han destacado, ni para sus habitantes resulta una necesidad. Y de Qatar ni hablemos pues el que ahí se vaya a jugar un Mundial sólo nos remite al capricho de los jeques que fabrican el dinero con el que bailan todos.

Brasil 2014 marca de verdad un antes y un después de las Copas del Mundo. Hasta aquí había una justificación, una razón que se situaba más allá del dinero como única justificación. Hasta la sede de Sudáfrica en 2010 puede tener una razón romántica, llevar un Mundial al continente negro. Y conste que no dejo de ver que Brasil y Sudáfrica gastaron lo que no tenían.

Pero ahora los Mundiales estarán en manos de oligarcas y jeques.  

 

rafael.ocampo@milenio.com

twitter@rocampo