A balón parado

La falsa victimización del futbolista joven mexicano

No deja de llamar la atención que en tiempos que para algunos deben ser catalogados como de “invasión de naturalizados”, el futbol mexicano presente los mejores resultados de su historia, a nivel de selección nacional, en categorías juveniles.

Parece ya una costumbre que las representaciones Sub 17 y Sub 20 logren su pase a las Copas del Mundo de estas categorías. Pareciera también al mismo tiempo ya una rutina. Pero hasta hace algunos años, el Tri en estos niveles no daba garantías de nada y se llegó a quedar fuera de estas competiciones.

Antier, por ejemplo, la Sub 20 que dirige Sergio Almaguer consiguió su pase al mundial que se llevará a cabo en Nueva Zelanda en junio próximo.

Evidentemente, pese a esa gran presencia de jugadores extranjeros y de la permanencia de muchos de ellos con la carta de naturalización por delante, siguen dando una cifra (85 extranjeros por temporada más 42 naturalizados registrados este torneo), que en nada impide el desarrollo de los juveniles nacidos en México.

Dirán algunos de los abiertamente opositores al estado actual de cosas, que esos extranjeros y naturalizados lo que impiden es que esos buenos juveniles mexicanos tengan vía libre para figurar en la Primera División.

Y añadirán que esa “excesiva” presencia de foráneos corta de forma casi tajante la consolidación de esos talentos en los que se invirtieron muy buenas sumas de dinero.

Pero el punto es que esos jóvenes al llegar a los 20 ó 21 años deben de aprender a competir y a ganarse su lugar. Lo peor que podría pasar es que se les quitara la competencia. Llegar a la Primera División representa un filtro de gran calidad y siempre habrá espacio para los mejores. Y con esos pocos o muchos que lleguen a ser figuras da para armar una buena representación nacional mayor. Y además da también para exportar talento como hasta ahora ha sucedido con varios elementos que actúan en Europa.

Desterremos mitos, pues.  

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