A balón parado

¿Y dónde está, para explicar esto, el presidente de la Concacaf?

Ayer, en la tensa y sombría conferencia de prensa que protagonizó Miguel Herrera, se registró un momento que hoy hay que destacar.

Cuestionado por lo que significaba el robo a Panamá, con la marcación de ese penal que no debió marcarse nunca, interrogado sobre quién o quiénes son los responsables de esa decisión descarada de meter a como diera lugar a la selección mexicana de futbol, a la final de la Copa Oro, Miguel respondió. Palabras más palabras menos: “De eso a mí no me pregunten… Aquí al lado está un señor que en su saco dice Concacaf, pregúntenle a él”…

A quien se refería el Piojo es al empleado de esta organización, un tipo al que yo sólo ubico como “Álvaro”, trajeado y encorbatado siempre, que ante los periodistas aparece como el que trae y lleva al entrenador en turno a las ruedas de prensa y organiza la sesión de preguntas y respuestas, traduciendo al inglés cuando algún colega lo requiere. Un personaje pues absolutamente insignificante en la estructura de poder de esta organización, cuya última cúpula dirigencial ha sido descabezada acusada por el FBI por corrupción ligada a sobornos.

Pero ese joven, que aguantó lívido la acometida de responsabilidades, era el único que en ese momento podía ponerle cara a la deshonra.

Por supuesto que el tal “Álvaro”, entrenado en el arte del desaire, ni parpadeó ni se dio por aludido.

Quien desde la infausta y vergonzante noche del Georgia Dome tuvo que salir a dar la cara es el presidente en funciones de la Concacaf, el hondureño Alfredo Hawit. Pero de éste no se sabe nada. El mismísimo Sunil Gulati, presidente de la US Soccer, uno de los principales descalificadores de Joseph Blatter también debió y debe de hablar de esta vergonzante acción que terminó beneficiando a la selección mexicana y perjudicando de forma terrible no al representativo panameño, sino a la credibilidad del futbol.  

 

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