A balón parado

¿Cómo explicar lo de Saúl Gutiérrez?

Todas las derrotas de los deportistas mexicanos en los juegos de Río, de alguna manera duelen... Pero la de ayer por la mañana del taekwondoín Saul Gutiérrez, me incomodó más que ninguna otra.

Estuve cercano a Saúl Gutiérrez como a ningún otro deportista en este ciclo olímpico. Un muchacho alegre, dedicado y muy profesional. Me tocó compartir con él, y con el equipo de taekwondo, algunas sesiones de entrenamiento especial, algún viaje y buenos momentos de plática.

Pero más allá de esto que les cuento, que queda en el campo de la simple anécdota, si algo podía o puede destacarse de Saúl es su calidad como competidor, el estupendo nivel internacional. Valores que lo convirtieron en una esperanza muy sólida de medalla en estos Juegos de Río.

A Saúl se le reconoció con el último Premio Nacional del Deporte, lo vi ahí feliz en la ceremonia en la que se lo entregaron, en la residencia oficial de Los Pinos. Luego lo volví a saludar en la ceremonia de abanderamiento también en Los Pinos. Ese día por la noche en una cena de despedida que se llevó a cabo en uno de los salones del hotel donde estaba concentrado. Irradiaba confianza y se mostraba muy comprometido en dar una gran actuación. Me contó que antes de viajar a Brasil, junto a sus compañeros, haría un último campamento de preparación en Cancún.

Por eso verlo ayer caer en su primer combate, después de ir ganando con cierta comodidad, me parece casi inconcebible. Perder ante un rival inferior en números y en trayectoria a él.

El niño mimado del deporte de alto rendimiento en México fuera de los Juegos en tres rounds!

¿Qué le hizo falta? ¿Qué le faltó? ¿Quién puede explicar esto?

Le sobraron reflectores, se sintió una estrella antes de serlo, se confió, se preparó de forma deficiente. Tuvo alguna afectación en su salud en las últimas horas. Lo acabó la presión de asumirse favorito. ¿Qué fue?

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