A balón parado

¿Qué esperar del nuevo mandamás de la FIFA?

Nada positivo, les decía en este espacio ayer, está garantizado con el cambio de mandos que se ejecutará en la FIFA el día de hoy en Zúrich. Ni siquiera el que cualquiera de los cinco candidatos que sea nombrado en lugar de Joseph Blatter no vuelva a eternizarse en el poder, al estilo de los dictadores.

La enorme cantidad de intereses que se han encargado de fabricar condena a los integrantes de esta organización a seguir juntos, como perros y gatos, pero en la misma casa. Y como no son un gobierno que esté obligado a entregarle transparencia a sus gobernados, seguirán actuando bajo las reglas, bajos los usos y costumbres que más les acomoden.

¿Qué puede impedirles que bailen al ritmo de las ambiciones desatadas cuando decidan o voten por un país para que éste se convierta en sede de alguno de los muchos campeonatos que han creado?

Hay Mundiales en todas las categorías y en las dos ramas, y el futbol sigue siendo uno de los espectáculos con mayor demanda, tanto para audiencias directas como las que se generan en plataformas electrónicas y web.

¿Cómo van a impedir que se dé nuevamente la compra y venta de votos?

No he leído ni escuchado que alguno de los candidatos haya planteado una reforma a estos procedimientos. Cada delegado de cada uno de los países miembros seguirán votando. Imposible que quien decidiera fuera una junta de honorables o una instancia que diera absoluta certidumbre de que actuaría con honestidad, apegada a principios bien definidos.

El campo de la adjudicación de los derechos de transmisión de estos eventos tampoco tiene demasiado margen para plantear reformas.

La distribución y manipulación de los boletos de entrada a todos estos torneos seguirá generando ambiciones que terminan involucrando a grupos criminales.

Quizás Infantino o el jeque, los favoritos hoy, den paso a la tecnología para revisar jugadas de marcación dudosa. Y con eso nos venderán el gran cambio.

rafael.ocampo@milenio.com
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