A balón parado

Un equipo unido no siempre es un buen equipo

Estoy seguro que el primero que quisiera tener una alineación titular y repetirla y repetirla cada que hubiera un partido es Miguel Herrera.

Sin embargo, todo lo que rodeó este proceso mundialista, el despido anticipado de José Manuel de la Torre, lo fugaz de su relevo Víctor Manuel Vucetich, terminaron por darle en la torre a cualquier afán de continuidad en este particular punto.

Ha tenido que asentarse en el puesto y darse el tiempo necesario el entrenador de la selección mexicana de futbol para conocer y probar jugadores, para ver quiénes realmente tienen la capacidad de vestir con personalidad y buen desempeño el uniforme del Tri.

Y ahora, cuando está literalmente a la vuelta de la esquina su debut mundialista ante Camerún el próximo viernes 13 de junio, la gira de partidos de preparación que llevan a cabo por los Estados Unidos, es tan apretada que, aunque se quisiera y pudiera, no es aconsejable que los jugadores escogidos ya para ser titulares vean acción cada 72 horas.

Así pues, si bien le va a Miguel Herrera podrá repetir alineación titular quizá solo en el partido que jugarán contra la selección de Portugal el próximo viernes en  la ciudad de Boston y el de una semana después, ya en Brasil, contra los africanos.

Terrible realidad, pues es la repetición de un colectivo lo que en el futbol se convierte muchas veces en la principal arma: el entendimiento, la conjunción, la compenetración, el saberse de memoria al compañero. Ese no será un valor del Tri en este Mundial.

Por más buena voluntad que se tenga para analizar el trabajo del equipo y por mejor buena vibra que se les proyecte, nadie puede poner como valor el juego colectivo mexicano (y esto es diferente al concepto de unión, que doy por descartado que sí existe)…Y como en el terreno de las individualidades anda escaso también, lo que se tendrá que ver es literalmente un equipo de combatientes hambrientos de gloria y con mucha vergüenza profesional.  

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