A balón parado

Un empate a cero que debe preocupar en serio

En el futbol hay situaciones que, por más que se quiera, no se pueden justificar. O no al menos con la pretensión de obtener comprensión y salir bien librados. Sin exagerar, una de ellas es un empate contra la selección de Guatemala.

Menos cuando esa igualada se registra ante un estadio con 60 mil personas apoyando de forma incondicional a tu equipo. Menos cuando tu equipo cuenta con los mejores jugadores, es decir, no se trata de un equipo de suplentes o alternativo.

Por ello en noches como la que se vivió el domingo pasado en Phoenix, Miguel Herrera lo único que debe hacer es ser autocrítico.

¿De qué sirve decir que sus jugadores tuvieron una buena actuación, pero que sólo les faltó el gol? ¿Pues qué en este deporte no se trata de meter la pelota en la portería rival? ¿Cómo puede tener un equipo un buen desempeño y ser elogiado por ello cuando no tuvo la capacidad de anotar?

Entrenador, jugador y directivos deben de pensar en esto. Es muy común que en el futbol se salga con estas explicaciones: “Jugamos bien, dominamos, tuvimos llegada, pero sólo nos faltó meterla. Pero estamos tranquilos, los goles, jugando así, ya llegarán”.

La realidad es que si bien los mexicanos cercaron a los guatemaltecos en su área durante buena parte del juego, no fueron imaginativos, ni veloces, ni desequilibrantes para penetrar ese bloque defensivo. Y esa incapacidad es en donde debe centrarse Herrera y su cuerpo de auxiliares. En encontrar alternativas para reflejar la superioridad que todo mundo les otorga ante este tipo de rivales.

Se sabía que los guatemaltecos jugarían así, pero además se tuvieron 90 minutos para resolver en la cancha un problema que siempre fue el mismo y no se supo como hacerlo.

La selección mostró en este partido una seria y grave limitante: tiene un juego ofensivo muy pobre, fácil de nulificar, por repetitivo y predecible. 

 

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