A balón parado

La emoción, por encima de la razón

He de confesar que al final me gusta ver a un entrenador de la selección mexicana de futbol tan echado pa’ adelante, como Miguel Herrera.

Aun a riesgo de parecer insensato, reiterar que los objetivos en los dos torneos en los que jugará, bajo su dirección el Tri en 2015, son: ser campeones de la Copa Oro y finalistas en la Copa de Oro, me parece meritorio.

Y estoy consciente de que estos objetivos no son de carácter personal, sino institucional, a partir de análisis y retos que se plantean desde las cabezas representadas por Justino Compeán y Héctor González Iñárritu.

Pero la forma que tiene el Piojo para particularizar esto, para darle un toque notorio de su propia personalidad, vuelven todo más llamativo.

No hay que recurrir a las hemerotecas para recordar las actitudes ambiguas por no decir cobardes de directivos y entrenadores de otros procesos mundialistas. Escudados siempre en la evasiva ante cualquier tema o pregunta. Y cuando por fin lograba uno alguna respuesta concreta, esta siempre era demasiado cuidadosa o conservadora.

Ahora, lo que sí hay que exigir es que se explique con argumentos la forma en la que se piensan conseguir los objetivos. Y en esto creo se siguen quedando cortos quienes han formado parte de esta cultura. Se responde ante los retos de forma sobre todo emotiva, no a partir de la razón.

Y esto tiene que decirse.

¿A partir de qué hechos concretos se pretende que una selección mexicana de futbol que acudirá a la Copa América que se jugará en junio próximo en Chile, con un cuadro alternativo, llegue a la final como mínimo?

Sería bueno saberlo. Porque si no, insisto, todo se reduce a una valentonada que terminará por no fincar una posición honesta ante los aficionados. ¿De verdad un equipo B mexicano está como para ganarle un campeonato a la Brasil de Neymar o a la Argentina de Messi o la Chile de Alexis Sánchez o a la Uruguay del ya por entonces rehabilitado Luis Suárez?

Si la respuesta sigue siendo un sí, el tema es cómo.  

 

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