A balón parado

La efectiva terquedad de quien defendió sus principios

Ganó la selección mexicana de futbol en una cancha en la que le había resultado imposible hacerlo en los últimos 50 años. Y eso es lo importante y lo que debe destacarse. Lo hizo con un planteamiento táctico astuto, frío y calculador.

Esa estrategia la diseñó Juan Carlos Osorio, no se le ocurrió a sus jugadores. No fue un planteamiento agresivo u ofensivo, como lo había presumido un día antes en conferencia de prensa. Pero también es cierto que ello estuvo condicionado por el tipo de juego que le propuso el rival, muy echado atrás, con miedo a equivocarse y a exponerse al contragolpe.

Osorio fue precavido e inteligente. Y ganó. Sumó 6 puntos de 6 en disputa. Prácticamente resolvió esta fase de la eliminatoria. Lo hizo apostando a sus valores y condicionado por sus juicios.

No quiso echarse para atrás en eso de que Miguel Layún debe actuar por derecha… Prefirió inventarse un carrilero exótico y disfuncional por izquierda en Oswaldo Alanís, un corpulento central que nada tiene de desequilibrio y velocidad. Y digamos que no le afectó.

Luego acertó en los cambios. Los dos primeros jugadores que metió en el segundo tiempo fueron los autores de los goles… En defensa todo le fue bien. El portero Talavera estuvo perfecto y los hondureños no tuvieron casi ninguna llegada u opción de gol a favor.

Se le pueden cuestionar muchas cosas al colombiano, pero ha demostrado que tiene valor para jugársela y para dotar a su proyecto de personalidad propia.

Habrá que estar muy atentos a la evolución del nivel de juego de la selección nacional. Ver cómo mantiene congruencia con esta línea que tan bien ha marcado de tener la libertad de diseñar su alineación sin sentirse prisionero de derecho alguno que esgriman sus jugadores. También de los errores que seguramente cometerá y de la inteligencia que debe tener para sacar provecho a los mismos.

Hoy lo que impera y debe imperar es el gusto y la sonrisa por el triunfo.  

 

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