A balón parado

El doble golpe contra los cruzazulinos

¿Estará leyendo y escuchando el presidente del Cruz Azul, Guillermo Álvarez Cuevas, el clamor de protesta y desilusión que ha generado su decisión de poner al frente del equipo al entrenador Sergio Bueno?

Todo indica que no. Nunca el Cruz Azul había asestado un doble golpe tan inmediato y contundente a sus seguidores.

Hace unas semanas, quedaron fuera de la Liguilla de forma penosa, al perder en el último partido contra el equipo que descendió… Acto seguido, el anuncio de que contratan a un personaje alejado de la ilusión que generan los nuevos nombres, sobre todo cuando vienen precedidos de una trayectoria que lo respalda.

Se había hablado de entrenadores prestigiados como Gustavo Matosas, pero se los ganó el Atlas. Se dijo también que buscaron al argentino Claudio Borghi, al colombiano Juan Carlos Osorio, al brasileño Muricy Ramalho y al también argentino Gustavo Costas… Pero nada. Tampoco pudieron acordar al temperamental mexicano Tomás Boy.

En una declaración desafortunada realizada ayer lunes, el director deportivo del equipo, Agustín Manzo, reconoció que Sergio Bueno llegaba porque no habían podido contratar a ninguno de los otros.

¿Qué pasa en el Cruz Azul? ¿Se les acabó el dinero para poder llegar a los grandes nombres tanto en el banquillo como en la cancha de juego? Parece que sí.

Tendría que venir una respuesta contundente en sentido contrario en las próximas horas. Grandes contrataciones de jugadores, tanto mexicanos como extranjeros. Pero no parece que ello vaya a suceder. Los refuerzos que suenan son modestos al máximo. Un tal Cornejo que vendría de Chile… Marc Crosas, que no pudo destacar en el Santos y tampoco jugó un rol importante en los Leones Negros.

Pobre Cruz Azul y pobre de su gente. Y esto no tiene nada que ver con descalificaciones gratuitas a Sergio Bueno. Se trata de un buen entrenador y por lo que sé una muy buena persona. Pero no está para ser el entrenador del Cruz Azul.  

 

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