A balón parado

La dignidad y el oficio de Gustavo Matosas

Hace muy bien Gustavo Matosas en apartarse de un proyecto en el que no se siente respaldado. Si el América no le puede dar los jugadores que él considera necesarios y tampoco le permite prescindir de los que no le funcionan, no tiene nada qué hacer ahí.

El problema de muchos entrenadores es que aceptan trabajar en condiciones de desventaja, se quedan callados o de plano aceptan la intromisión de directivos y propietarios. Cuando les llega el agua al cuello ya no se vale quejarse. Aceptaron jugar de esa manera y lo conducente es no quejarse.

Pero por lo que vemos, Matosas no es de este tipo. Aceptando que fueron circunstancias especiales las que rodearon su llegada a las Águilas hace apenas cinco meses, se dio por entendido que dirigiría a refuerzos que él no pidió, en espera de que llegara el momento en el que pudiera meterle mano a su plantilla.

El entrenador uruguayo intentó armar su proyecto y dar resultados positivos de forma inmediata. Pero amén de que consiguieron ganar la Liga de Campeones de la Concacaf (lo que les dio el pase al Mundial de Clubes que se jugará el próximo diciembre en Japón), el equipo naufragó en la Liga.

A la hora de sacar conclusiones determinó que algunos jugadores, más allá de su condición de estrellas, no le servían. Parece ser que la directiva encabezada por Ricardo Peláez le negó la opción de que éstos salieran del equipo. Pidió también la llegada de refuerzos en posiciones clave, pero hasta donde se sabe la directiva lo atajó con razones presupuestales y al menos los jugadores que el entrenador requería no se los iban a poder traer.

Entonces decidió pactar su salida. Así de simple y sencillo. Me parece que esto habla muy bien de este hombre al que muchos podrán catalogar como tormentoso pero que al final es honesto. Lo que muchos harían es quedarse callados y prestarse a protagonizar algo en lo que no creen. 

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