A balón parado

15 días para ubicar el ánimo nacional

La selección mexicana de futbol podrá compartir valores y estilo, si usted quiere, hasta provenir de una misma idiosincracia o cultura, pero está lejos de tener integrantes con un mismo nivel de juego.

Ese es precisamente el reto principal que enfrenta Miguel Herrera de cara al primer duelo mundialista, el 13 de junio ante Camerún: acercar lo más que pueda el rendimiento de sus convocados.

No parece sencillo. Por lo que se vio anoche en el Azteca, en el partido de despedida de la afición mexicana, contra Israel, hay mucho, pero mucho por trabajar para cumplir con las expectativas de pasar a la segunda ronda y luego afrontar al menos el quinto partido.

Es cierto que los israelíes fueron un equipo muy competitivo y con un buen nivel atlético y físico, pero en Brasil los seleccionados mexicanos no van a encontrar en Camerún, Croacia y los anfitriones a rivales que les requieran menos esfuerzo.

También hay que decir que lo de anoche fue un ensayo atípico, más una celebración multitudinaria de cariño que un partido del que se puedan sacar conclusiones serias. Para eso vendrán los juegos contra Ecuador, Bosnia Herzegovina y Portugal (en Dallas, Chicago y Boston).

Pero ni en un marco tan festivo uno puede dejar pasar fallos tan elementales como los centros tirados a la basura por parte de Guardado... O la flacidez del Maza en la marca... Nada lo justifica, ni la forzada inclusión de Cuauhtémoc en casi todo el primer tiempo. O la falta de desborde y desequilibrio en todos los sectores ofensivos del juego. No hay que olvidar que el primer gol de Layún fue posible por un error del portero israelí.

Vendrán a la alineación titular los jugadores del campeón León. Márquez, Vázquez, Peña y Montes le darán una mejor cara al equipo, pero tampoco puede esperarse magia de ellos.

No quiero sonar negativo ni convertirme en agorero de ningún desastre, pero siento que a esta selección del Piojo Herrera le va a hacer falta mucho trabajo colectivo, justo el que permite brillar cuando, como es el caso, no se cuenta con ninguna figura de esas que por sí mismas son capaces de ganar un partido o de cambiar para bien el partido.

rafael.ocampo@milenio.com

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