A balón parado

El día que conocí a Amado Yáñez

Conocí a Amado Yáñez, socio mayoritario de la empresa Oceanografía, el pasado lunes 20 de enero. Hacía modesta antesala en la recepción del edificio de Milenio, en la calle de Morelos, en el centro de la Ciudad de México. Ingresaba yo a mi oficina, después de la hora de comida cuando, a punto de tomar el elevador, escuché a alguien mencionar mi nombre.

Se trataba de una persona, a la que por más esfuerzo que hice, no ubiqué ni por nombre ni por figura, pero que me empezó a tratar con absoluta familiaridad. Era, me di cuenta de inmediato, el brazo derecho de Amado, algo así como un asistente particular o una especie de asesor en medios.

Me dijo que me quería presentar a su jefe, Amado Yáñez y caminamos hasta donde este esperaba. Así conocí al personaje que semanas más adelante se convertiría en el foco de atención de los principales columnistas políticos y hoy uno de los hombres más buscados por la justicia mexicana.

La presencia de Yáñez en Milenio aquel lunes 20 se originó por la portada que nuestro diario publicó ese día: “Irregularidades en Pemex por 3 mil mdp: SFP”. Y luego se añadía: “Investiga la Secretaría de la Función Pública a Oceanografía por presunto fraude a Pemex”... Buscaba el cuestionado empresario platicar con nuestro director general, Carlos Marín.

Yo me quedé un buen rato acompañándolo, hablando de futbol, conocida ya su injerencia como poderoso propietario del Querétaro. Amado estaba muy confiado en que todos sus líos se iban aclarar y que en nada afectarían su presencia en el futbol.

Hoy, todo indica, se encuentra huyendo de la justicia mexicana. En las siguientes semanas a aquella primera nota publicada por Milenio ha caído una verdadera cascada de acusaciones contra Oceanografía y el equipo Querétaro está siendo administrado por el gobierno, con nubes negras marcando su futuro. 

rafael.ocampo@milenio.com

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