A balón parado

El día en el que no alcanzará “el producto de gallina”

De que Miguel Herrera es un tipo inteligente no debe de haber ninguna duda. Se da perfectamente cuenta de lo que pasa en un partido de futbol y no tiene problema alguno en reconocerlo. Faltaba menos con todos los años que lleva en este negocio, pero también es verdad que no todos los personajes que forman parte de este mundillo pueden elaborar autocríticas oportunas y apropiadas.

Pero el problema no es que el entrenador de la selección mexicana de futbol se critique o no, sino que realmente tenga tiempo y espacio para poder armar un equipo competitivo en todos los sentidos para una Copa del Mundo que empieza justo en 70 días.

Él dirá que sí, que llegarán a ese partido del 13 de junio contra Camerún muy bien preparados. Pero una cosa es lo que él diga, como parte de un cuadro lógico de alguien que defiende su proyecto, y otra cosa lo que la realidad señala.

Hoy no sólo observo una línea defensiva excesivamente lenta (con cualquiera de los centrales que ahí han aparecido y pueden aparecer), sino un medio campo muy endeble, tanto en las labores de contención como en las de elaboración de juego ofensivo. Recalco también la falta de liderazgo para corregir en la cancha lo que no funciona y genera daños sin que tenga que venir la pausa del medio tiempo para que alguien lo evidencie y proponga soluciones.

La noche del pasado miércoles, el Tri se tardó 45 minutos en darse cuenta que un tipo como Michael Bradley, sin duda un buen jugador, pero no una estrella de este deporte, los estaba haciendo pedazos desde su posición de falso contención. En esos minutos, el equipo de Estados Unidos pudo haber resuelto el partido y no irse al descanso con un remontable 2-0 a favor, sino hasta con un 4-0 que hubiera sido una verdadera lápida.

Luego, en palabras del entrenador, se reaccionó poniendo “producto de gallina”, triste eufemismo hasta que se atrevió a decir la palabra güevos.

rafael.ocampo@milenio.com

twitter@rocampo