A balón parado

El despido de Ambriz, la lección a Peláez

Hubo un largo momento en el que Ricardo Peláez estuvo convencido de que, con él a la cabeza, cualquier entrenador podría ganar los campeonatos que se querían en el América.

Tenía cierto sentido que este directivo creyera en lo que para muchos resultaba ya un delirio. Peláez había logrado campeonatos con Miguel Herrera, Antonio Mohamed y Gustavo Matosas… Y, de hecho, lo consiguió también con Ignacio Ambriz, el hombre al que despidió ayer contra todo lo que él mismo había comprometido.

Dos cosas ha tenido que reconocer Ricardo con su decisión: que Ambriz no es el entrenador que la afición americanista quería, que no es el que les podía asegurar el título de Liga en este torneo en el que se conmemoran los 100 años de este club.

El campeonato de clubes de la Concacaf que consiguió Ambriz, ese que les permitirá participar en Japón en diciembre próximo en el Mundial de equipos campeones, no es el gran logro.

Pero también Peláez ha tenido que asumir que aún cuando exista un proyecto firme y congruente, encabezado por directivos comprometidos con este, de probada eficacia y capacidad, el aporte del entrenador o del director técnico, es fundamental.

Tenía derecho Ricardo a experimentar esto de forma directa. Tanto Herrera, como Mohamed o Matosas le habían representando personalidades complicadas de dirigir. Los tres querían imponer su carácter y procedimientos.

Con la llegada de Ambriz, un personaje mucho más manejable, el ex centro delantero impuso líneas institucionales sin oposición y rechazo. Pero esto no es suficiente para ganar campeonatos en el futbol.

El despido de Ambriz, acaecido trae una nueva derrota en el Estadio Azteca, ahora ante el León, muestra que Peláez no tenía un plan B y que es real que no había negociaciones con ningún otro entrenador. Veremos en las próximas horas el perfil de director técnico que traerá Peláez. ¿Una personalidad a modo o independiente? 

rafael.ocampo@milenio.com

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