A balón parado

Que no se degrade todo, todavía en manos de Miguel

Vamos por partes. Lo que se ha vivido en las últimas horas en la selección mexicana de futbol tiene que revisarse con detenimiento.

Tan solo el comportamiento de Miguel Herrera da para varios capítulos.

Reconstruir la historia de sus desaciertos, tanto en la cancha como en las conferencias de prensa, ilustra el grado de descomposición al que se puede llevar un proyecto por no saber manejar los nervios, el enojo y la presión.

Miguel parece haber tocado fondo y de forma además muy gratuita. Tras la eliminación contra Ecuador, el viernes pasado, otra vez centró parte de sus justificaciones en el complot arbitral contra su equipo. De hecho, sus protestas durante el segundo tiempo del partido, provocaron su expulsión.

Pero lo más grave se registró la noche del sábado pasado cuando, a su regreso al país, Miguel dio una conferencia de prensa en la que insultó a uno de sus principales críticos, el narrador de Televisión Azteca, Christian Martinoli... Luego se seguiría peleando con él a través del twitter. También volvió a caer al generar un debate con uno de los reporteros que legítimamente lo cuestionaron, en este caso nuestro compañero Higinio Robles, de La Afición.

Miguel tiene que aprender a que uno de los principales valores que se le exigen a un hombre con una responsabilidad como la que ostenta es la de tener control. Equilibrio de sus emociones porque es lo único que garantizará que tome buenas de decisiones.

Miguel Herrera debe dejar de lado de forma radical una serie de comportamientos que no ayudan nada a que el proyecto que encabeza se mantenga con las pioridades marcadas.

Debe de reconocer esto, y hacer todo lo posible para que esto suceda. Creo que todavía está a tiempo de hacerlo y eso es lo que deben de decirle gente como Héctor González Iñárritu y Justino Compeán y Decio de María.  

 

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