A balón parado

No tiene la culpa Cuauhtémoc... sino quien lo hace compadre

Nadie puede negarle a Cuauhtémoc Blanco ni a cualquier ciudadano sus derechos políticos. Si quiere ser candidato al cargo que desee, sólo hay que respetarlo.

Sí se puede cuestionar en cambio al partido o a la agrupación política que abiertamente deciden echarle las garras a personajes mediáticos aunque éstos no tengan carrera en el sector o conocimiento para gobernar ni sus casas.

Eso es vil oportunismo.

Y esa actitud pueril termina siendo castigada por los electores, que no se tragan ya cualquier cosa.

Si esto de la candidatura de Cuauhtémoc a la presidencia municipal de Cuernavaca, que se antoja un despropósito en todos los órdenes prospera y se llega a establecer una campaña, tendrá que ser ordenado por la propia gente.

También se antoja, al margen de los tiempos políticos, un anuncio fuera de lugar con el jugador todavía en activo, llamando ciertos reflectores por el hecho de que está a punto de lo que seguramente será su último partido como futbolista en el Estadio Azteca (el Puebla jugará mañana sábado contra el América).

Sería buenísimo escuchar a Cuauhtémoc hablar de Cuernavaca, de lo que conoce de los problemas de sus habitantes, de la historia de la ciudad...

En fin. No tiene la culpa Cuauhtémoc, sino quien lo hace compadre.

Este paso del ex jugador, sin duda uno de los más destacados en la historia del futbol mexicano, ilustra la falta de orientación a la que ha estado sujeto. Gente que sólo se le acerca para intentar sacarle provecho, para utilizarlo en negocios, en campañas y en otros rollos.

Ahí están los restaurantes y antros que ha abierto y que han terminado en rotundos fracasos.

Pero bueno, Cuauhtémoc ya está muy grandecito para recibir consejos que además no pide ni escucha. 

 

rafael.ocampo@milenio.com

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