A balón parado

No le conviene responder a los insultos

A nadie le conviene en el Cruz Azul, empezando por el entrenador Paco Jémez, desesperarse y mostrarse fuera de control. El reto histórico que tiene este equipo necesita de firmeza y carácter es verdad, pero al mismo tiempo de frialdad e inteligencia.

Si un grupo de sus propios aficionados amargados porque su equipo no gana con la frecuencia que desean, de pronto acomete en su contra, soltándole improperios e insultos, el director técnico de origen español no debe de engancharse y responderles. Tampoco Jémez debería entrar a la conferencia de prensa posterior a los partidos tan irritable, con ganas de desquitarse con los reporteros que, evidentemente, cuando no gana su equipo, intentarán realizarle preguntas incomodas.

En el futbol imperan los excesos, por todos lados. En la cancha, fuera de ella, en los juicios que hacen aficionados, expertos, periodistas. Apenas vuelva a ganar con el Cruz Azul, estoy seguro que esos aficionados que le reprocharon el empate del sábado pasado contra el Toluca, lo van a llenar de elogios. Y los reporteros que lo quisieron sacar de quicio con interrogantes que el entrenador consideró inapropiadas, le harán observaciones igual de bobas, pero en sentido positivo que seguramente las va a recibir con una sonrisa.

La realidad es que el Cruz Azul está estacionándose en la tabla en este arranque de torneo. Ganó en la fecha 1, pero en las siguientes tres apenas ha conseguido empatar. El equipo no pierde, pero tampoco puede ganar. Para no variar, sus primeros dos juegos en la Copa Mx terminaron también con igualdad en el marcador.

La realidad del equipo propiedad de la cooperativa cementera es que carece de un ataque consistente y contundente. Sus centros delanteros (Martín Cauteruccio y Felipe Mora), no pesan en el área como se pensó que lo harían cuando fueron traídos. Y no pesan porque al equipo le falta agresividad con un planteamiento demasiado calculador. 

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