A balón parado

La sana crítica de Martinoli… un estilo mordaz necesario

Siempre me ha agradado el estilo de Christian Martinoli. Esas narraciones de partidos suyas primeramente que nada enteradas y conocedoras, al mismo tiempo que juguetonas y burlonas.

Recién llegado a Grupo Milenio, como responsable de reanimar la propuesta editorial e informativa de La Afición, lo contacté para invitarlo a sumarse al proyecto que diseñábamos. Se sorprendió de nuestro interés, lo agradeció con la timidez que caracteriza su comportamiento más allá de las cámaras y los micrófonos. Y aceptó, pero pidiéndome sólo una colaboración semanal pues con esa cuota se sentiría cómodo en un mundo, el de los medios escritos, en los que con esa decisión estaría debutando.

Su trato desde ese día y hasta la fecha ha sido de verdad exquisito. Incluyendo aquel día en que me comunicó con real pesar y pena que le habían hecho una oferta mayor en otro medio, especializado por completo en el periodismo deportivo, cosa que le parecía muy atractiva.

Tan amigos como lo fuimos, quedamos. Y yo sigo disfrutando su estilo de narrador en Televisión Azteca, donde ha ido afinando lo mordaz y lo desenfadado al lado casi siempre de Luis García y en algunas ocasiones también de Jorge Campos.

No sobra decir que lo que hacen los tres les ha generado muchísimos seguidores, tantos que le compiten, muchas veces ganando en rating, a Televisa Deportes. Sobre todo en los más jóvenes han impuesto, bien se puede decir, hasta una moda que repite sus frases y expresiones.

Creo que es muy sano que exista crítica en el periodismo deportivo mexicano. Aunque ésta pudiera incluir lo que para algunos son excesos. Es mejor eso que la pretensión de uniformar criterios y sólo esperar aplausos. Con la crítica se puede crecer, se puede contrastar y sobre todo ayuda a quitarse la idea de la cabeza de que alguien es perfecto y sólo debe recibir apapachos.

Miguel Herrera y sus allegados deben de aceptar esto. 

 

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