A balón parado

El corazón de uno, la calidad del otro

Fue una final, la de anoche en el Estadio Universitario, que se jugó sin miedo alguno. Primer e importante cosa que hay que reconocerle a Tigres y Rayados.

El mejor retrato para ilustrar esto se da en la descarada manera en la que cobró el penal el ecuatoriano Enner Valencia, "a lo Panenka", demoledor para el adversario si se acierta, terriblemente dañino si se falla.

Valientes todos, pese a la persistente agua nieve que incomodó a todos.

Estos primeros 90 minutos me indican que los dirigidos por Antonio Mohamed tienen una mejor estructura, un estilo mejor dominado, una presión defensiva que ahogó la salida de sus rivales... un mucho mejor juego a pelota parada también.

Pero esta primera parte de la final también me mostró que el carácter y el compromiso de los dirigidos por Ricardo Ferretti es capaz de igualar la serie y aun de desequilibrarla.

La calidad de de uno, contra el corazón del otro. Apenas desequilibrados en cada conjunto, pero que al chocar de frente igualan todo.

No sé quién pueda hoy argumentar la condición de favorito de alguno de los equipos de cara al juego del próximo domingo a las 18 horas. Aunque suene a lugar común, la serie está realmente en suspenso, con muchas posibilidades de prolongarse a tiempos extras y a una vez finalizados éstos la serie de penales.

Porque ni la ausencia por suspensión de Leonel Vangioni, el estupendo lateral izquierdo de los Rayados, terminará marcando algo a favor de los Tigres. Lo mismo la suspensión del central Hugo Ayala.

La final está absolutamente intacta.

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo