A balón parado

La selección, entre el apapacho y la complacencia

Que esta edición 2017 de la Copa de Oro sea una de las más inoportunas, encimada prácticamente con la Copa Confederaciones, no puede ser utilizado como argumento para explicar el tristísimo papel que ha cumplido la selección nacional.

Juan Carlos Osorio y su equipo de auxiliares tuvieron tiempo para preparar mucho mejor a los jugadores que decidieron llamar, un equipo alternativo o de tipo B, pues los titulares fueron llevados a Rusia. Al menos tuvieron los días suficientes de entrenamiento como para presentar una propuesta mucho más articulada e intencionada que la que se ha visto ante El Salvador, Jamaica y Curazao.

Pero no hay un tono de exigencia, entre los directivos de la Federación Mexicana de Futbol. Siguen, del presidente Decio de María para abajo, otorgándole al entrenador todos los créditos.  No hay, ni para aparentar, un toquecito de atención. Ni en público ni en privado. Todos son buenos en el equipo de Decio. Ahí están Guillermo Cantú y hasta Dennis Te Kloese (el trajeado que apareció en varias tomas de televisión ayer en el palco del Alamodome junto al castigado Osorio)… No hay el duro que cuestiona, regaña y marca los objetivos. Todos son suaves y apapachan.

¡Se le ganó a Curazao apenas dos a cero! ¡El portero Jesús Corona fue el héroe evitando cuando menos dos goles cantados! ¡El travesaño se le atravesó a los caribeños robándoles la gloria del empate!

Fabuloso, lo importante es que se avanzó a la segunda ronda. Siempre se puede esgrimir que a los mexicanos les hacen falta mejores rivales para motivarlos.

Como buen administrador y gestor que ha sido, Decio de María debería recordar la vieja regla que rige todo proceso de trabajo ambicioso y exitoso: apoyar, pero también exigir. Osorio no tiene contrapesos. Todo indica que no hay nadie que le pida cuentas precisas y lo cuestione por la mediocridad que se ha exhibido. No veo en qué momento, los tres citados, le pongan cara seria. 

rafael.ocampo@milenio.com

twitter@rocampo