A balón parado

Las consecuencias de la doble sambinha de Ronaldinho

Se impone una explicación seria en el América para saber qué es lo que pasa en un equipo que se antojaba que a la fecha 14, ya cumplida, iba a marcar diferencias en el torneo.

No sólo no ha ocurrido ello, sino que los dirigidos por Gustavo Matosas sufren derrotas inesperadas y dolorosas, como la del sábado pasado en el Estadio Azteca, ante el Querétaro de Ronaldinho y Vucetich.

Jornadas atrás habían sido goleados por el Veracruz, en el Pirata Fuente del puerto, pero luego tuvieron la gracia de ganarle al Cruz Azul... Y bueno, cuece en la misma olla, la historia de la semifinal de la Concachampions contra el Herediano de Costa Rica, primero víctimas de una goleada, luego ellos hacedores de una paliza para conseguir su pase a la final de este torneo contra el Impact de Montreal.

Es un América irregular por decir lo mismo. Capaz de generar las peores vergüenzas y triunfos que parecían imposibles.

El problema es que lo más reciente, lo del sábado en el Estadio Azteca, generó un comportamiento muy extraño en los seguidores de este equipo, que decidieron a pleno pulmón corearle “oles” cada que el rival les movía la pelota y ovacionar a Ronaldinho por sus dos goles y su sambinha.

Gustavo Matosas y Ricardo Peláez, este último como máximo responsable deportivo, tienen que explicar qué es lo que propicia esta irregularidad, la aparición de estas dos caras tan peligrosamente distintas. No basta con decir, lo dijo el técnico, que no sabe qué pasó contra el Querétaro.

El sábado en el Azteca hubo displicencia y se notó una pésima preparación física. Para que Ronaldinho figurara como lo hizo en los diez minutos que jugó es porque algo muy serio dejó de hacer el equipo campeón del futbol mexicano.

Este equipo se armó para ser campeón otra vez, pero sobre todo para meter goles y generar partidos ofensivos, y para ganarle a los rivales más débiles que ellos y para hacer de su estadio una fortaleza. Nada de esto está sucediendo. 

 

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