A balón parado

El renacimiento de un hombre que se había vuelto un fantasma

Le siguen a la selección mexicana de futbol dos partidos de local en el Hexagonal clasificatorio de la Concacaf rumbo a Rusia 2018. Con 10 puntos en el bolsillo, tras cuatro partidos (tres de los cuales han sido de visitantes), creo que se puede dar como un hecho que los dirigidos por Juan Carlos Osorio estarán cumpliendo, con una inesperada facilidad, su objetivo.

Ganar en Puerto España era fundamental. Y se logró. Esto demuestra que hay un equipo solido y confiable, como no se había visto en los procesos mundialistas anteriores. A su estilo, caprichoso y complejo, Osorio está haciendo las cosas con sencillez y efectividad.

Hay que reconocer lo que es debido. Qué bueno que las cosas que tienen que mejorarse están diáfanas. No se ha sido tan superior a los rivales, pero ha tenido la capacidad muy meritoria de controlar los partidos. Y además con algo que he criticado con especial ahínco en este espacio: cambiando las alineaciones de un partido.

Ayer, ante Trinidad y Tobago no fue la excepción… Muchos cambios, aunque con más lógica. Esto de poner a Miguel Layún de lateral derecho y hacer debutar en un juego oficial al zurdo atlista Luis Reyes. Y a Diego Reyes, de contención y como titular, con el premio de hacer el único gol.

Que si el gol de los trinitarios no debió de ser anulado habla desde cierta perspectiva de un factor suerte que no debería de festejarse tanto.

Ya sé que todos los integrantes de la selección lo van a decir, pero lo importante es que realmente se convenzan de tomar con la mayor seriedad los juegos de junio próximo en el Estadio Azteca. Dos triunfos, no está de más destacarlo, pondrán las cosas absolutamente a favor. Tanto como para tomarse los tres partidos que restarían con relativa tranquilidad.

Pero hoy hay que celebrar sin ambages la capacidad de un entrenador para recomponerse cuando tras la humillante goleada ante los chilenos en la Copa América Centenario, todos lo dimos por perdido. 

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