A balón parado

Solo la AMA le hubiera dado un año de castigo a Cristiano

Me escribe Eugenio Rivas, ex delantero de entre otros equipos el Atlético Español, y desde hace varios años presidente de la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol, lo siguiente:

“Mi querido Rafa. Leí tu columna del día de hoy, y es por eso que me tomo el atrevimiento de hacerte estas aclaraciones:

La Comisión Disciplinaria emitió a Enrique Triverio la sanción de 8 partidos de suspensión.

La Comisión Disciplinaria emitió a Pablo Aguilar una sanción de 10 partidos de suspensión.

La Comisión de Arbitraje, apeló dichas sanciones y fue entonces cuando interviene LA COMISION DE APELACIONES.

Dicha Comisión, es quien les impone a petición de los Árbitros, tanto a Triverio como a Aguilar, una sanción de 1 año de suspensión.

La Comisión de Apelaciones, NO la Comisión Disciplinaria.

Esta Comisión (Apelaciones), es totalmente independiente, no tiene nada que ver con nosotros.

Finalmente, los jugadores acuden al TAS, donde les quitan la sanción de 1 año, y les dejan exactamente, las sanciones de 8 y 10 partidos que nosotros (La Disciplinaria) impuso inicialmente.

Quedo a tus órdenes, te dejo un abrazo”.

Tienes toda la razón Eugenio. Te ofrezco una disculpa por la imprecisión. La Comisión Disciplinaria a tu cargo juzgó de forma similar a como lo hicieron en el futbol español con el ligero empujón que Cristiano Ronaldo le propinó al árbitro del partido de ida de la Supercopa, el domingo pasado en el Camp Nou.

Fue el movimiento político de los árbitros, agrupados en esto que han llamado AMA, el que presionó para que el castigo se ajustara a los viejos lineamientos que, en automático, llevaban cualquier contacto físico a los árbitros a que se aplicara un año de suspensión. Lineamientos que ignoro al día de hoy, con todo esto que pasó, mantiene la Comisión de Apelaciones.

Ojalá que, si por desgracia se vuelve a registrar un caso así, se tome como referencia todo esto que venimos comentando y no se haga un ruido absolutamente dañino e innecesario. 

rafael.ocampo@milenio.com

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