A balón parado

La cláusula psicológica para quien quiera dirigir a la selección

Miguel Herrera se corrió solito. Lo que anunció ayer a las 2 de la tarde Decio de María fue un formalismo. Alguien lo tenía que oficializar.

Y con su manotazo o puñetazo a Martinoli en ese corredor del aeropuerto de Filadelfia, Miguel despidió también a su cuerpo de auxiliares. Su furia los dejó sin chamba.

Provocó también que se alteraran los planes establecidos. Nadie dudaba en la Federación Mexicana de Futbol de que el Piojo debería de dirigir el partido del 9 de octubre contra el representativo de Estados Unidos, ese que definirá al representante de la Concacaf en la Copa Confederaciones del 2017 en Rusia.

Sólo ante un escenario desastroso en ese juego, una goleada tremenda de los estadunidenses a los mexicanos, por ejemplo, se habría cuestionado el que Herrera dirigiera el arranque de la eliminatoria mundialista en noviembre.

Necesitarán Decio de María y cualquiera de los propietarios de equipos que sean consultados, definir qué tipo de proyecto quieren. Luego, a paso seguido, establecer un perfil preciso del entrenador que se requiere. Hay tiempo para buscarlo.

Forzosamente tienen que incluir en esos requisitos el que sea alguien que otorgue garantías de buen comportamiento en la cancha y fuera de ella. Tener además una especial habilidad para tratar con los medios.

Esto último parecía una materia aprobada para Miguel, pero nada que ver. Su desquiciamiento empezó a mostrarse justo en conferencias de prensa.

Suena ridículo, pero creo que hay que incluir una cláusula psicológica o de comportamiento debido y adecuado, en el contrato de quien llegue en sustitución de Miguel Herrera.

Lo dijo ayer Decio de María, los partidos no terminan en el minuto 90. Todo el tiempo los entrenadores y los futbolistas que adquieren esta representación tienen que mantener un comportamiento ejemplar. El Piojo se fue al extremo, pero es algo que no sólo a él le ha faltado.

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