A balón parado

El clásico tapatío y el gran 'test' antiviolencia

Hay que volver las veces que sea necesario sobre el tema de la seguridad en los estadios de futbol. Peleas, agresiones, insultos desmedidos siguen siendo comidilla de todos los días. Esto sucedió antes, durante y después del partido entre el León y los Pumas, jugado el sábado pasado en la ciudad guanajuatense. Pero ya pocos se admiran de esto.

Viene ahora el clásico tapatío entre los rojinegros del Atlas y los rojiblancos de las Chivas. Un partido de alto riesgo por la alta incidencia de violencia entre porristas radicales de uno y otro equipo.

Si bien es casi imposible que se registre una incidencia cero en el campo de la violencia, autoridades civiles y directivas de los equipos, deben estar absolutamente comprometidas para que no se dé lugar a lo que tanto avergüenza al futbol mexicano.

Han pasado ya demasiados hechos de este tipo como para que se pueda argumentar desconocimiento. La policía debe saber qué les ha fallado en otras ocasiones y la directiva del equipo local, en este caso el Atlas, sabe también ya qué hacer y qué no hacer.

Pero también hay que llamar la atención del propio aficionado radical o barrista. Es momento de que este madure y entienda que se asiste a un estadio de futbol por varios razones, no sólo para divertirse aceptémoslo, pero no para agredir y golpear al prójimo.

El clásico tapatío debe de arrojarnos una radiografía precisa del estado en que se encuentra la Liga MX en el campo de la violencia. La propia organización que le toca presidir desde hace ya algunos meses a Enrique Bonilla debe de asumirlo así. Si se puede evitar el enfrentamiento entre radicalizados este fin de semana en el Estadio Jalisco, se puede evitar la violencia en todos los estadios.

Este partido debe de arrojar el modelo definitivo, en el campo de los protocolos y procedimientos, para acabar con este endémico mal del futbol mexicano.


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