A balón parado

La enorme generosidad del "Chicharito"

Con el equipo nacional clasificado al Mundial, no debe de resultar nada atractivo viajar a la habitualmente hostil San Pedro Sula para enfrentar a la selección hondureña. Un equipo que saldrá además con furia y entrega desmedida en busca del triunfo para poder clasificarse a Rusia 2018.

Es el momento de que algunos futbolistas soliciten “permiso para arreglar asuntos personales”. Fue el caso de Javier Chicharito Hernández. Y lo penoso del caso es que se le dijo que sí a esa petición.

Solo el ahora jugador del West Ham de la Premier League, sabrá qué asunto es el que tiene que resolver. Huele a pretexto. Y se antoja, otra vez, que con este cuerpo técnico las figuras de la selección hacen lo que quieren.

¿Cómo decirle que no al Chicharito? No se vaya a molestar. No se vaya a sentir incomprendido. No vaya a creer que el entrenador o el director deportivo lo quieren desafiar o contrariar. Nadie quiere un conflicto con el goleador de la selección nacional y figura popular.

Lo que debe entender Javier Hernández, alguien se lo tiene que decir, es que no es nada profesional hacer esto. O en todo caso, asumiendo su condición de figura pública, que transparente sus razones.

Una cosa es que Juan Carlos Osorio decida y otra que sea un jugador el que lo orille y limite. Esto, en su corto proceso, ha sido más frecuente de lo que debe ser. Uno entiende que hay casos de emergencia o de fuerza mayor. Sería tonto negarle a cualquier ser humano la opción de apartarse de sus deberes profesionales para atender aspectos, por decir algo, familiares.

Pero esta, que se sepa, no está sucediendo.

Prefiero entonces pensar que Chicharito es tan buena gente que decidió pedir permiso en realidad para que Raúl Jiménez y Oribe Peralta tengan minutos de juego, como titulares o entrando de cambio. Eso es pensar en el compañero. Ahora que es miembro directivo de la Asociación de Jugadores. 

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