A balón parado

¿Cómo se castiga en México la estupidez?

En un país con la historia de los Estados Unidos los insultos racistas son un asunto muy grave. Por eso suena lógica y justa la sanción aplicada a Donald Sterling, al propietario de los Clippers de Los Ángeles, una de las franquicias más atractivas del basquetbol de Estados Unidos.

Este hombre ha sido suspendido de por vida y multado con 2.5 millones por la NBA por manifestar una posición racista y discriminatoria perfectamente documentada. Es de tal magnitud la desaprobación que ha provocado entre sus propios jugadores, pasando por los colegas de éstos, políticos del tamaño del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que a Sterling no le va a quedar de otra que vender a los Clippers.

Le espera a este millonario el repudio y la ignominia.

En la NBA y en el deporte de Estados Unidos no se andan con medias tintas cuando de aplicar sanciones se trata, se pueden tardar en completar investigaciones, como en el caso del gran mentiroso Lance Armstrong, pero al final terminan por hacer justicia.

Guardando la debida proporción de casos, ¿en el diverso escenario del deporte mexicano es factible que se lleguen a dar sanciones de este tipo?

Creo que no. Y para no ir tan lejos habría que revisar el tipo de castigo que se le aplicó al jugador del Pachuca, Enrique Esqueda, por hacer la señal del dedo a la porra del equipo Querétaro, la noche del viernes pasado. Esa actitud y ese insulto, al margen de que fue provocado, pudo haber generado una gran bronca y poner en riesgo a muchos otros aficionados y a los propios jugadores sobre el terreno de juego.

Y la sanción fue sólo una multa económica no superior a los 150 mil pesos. La gravedad de lo que hizo Esqueda era para que le hubieran aplicado una sanción de esas que se llaman ejemplares. Una suspensión de partidos y si se reitera pues hasta de un torneo.

En fin, que sirva el ejemplo de lo que acaba de pasar en la NBA para que en México se ajusten los criterios para aplicar más justicia ante arbitrariedades o estupideces.

rafael.ocampo@milenio.com

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