A balón parado

¿Quién es el verdadero Osorio?

Juan Carlos Osorio no ve como un defecto su reiteradas rotaciones en la alineación titular de la selección mexicana de futbol. Para el entrenador, eso es un acto de congruencia.

La congruencia, sin embargo, no es garantía de buenos resultados. Sobre todo cuando rebasa los delicados límites que la definen y se convierte en obcecación, terquedad, empecinamiento.

Pero en lo que no ha sido nada congruente el colombiano es en dos cosas: primero, en lo de poner solo jugadores que tuvieran un perfil natural en cada posición… Es decir, por derecha, los derechos y viceversa. Eso no lo cumplió, pese a la intensidad con la que en su momento defendió sus argumentos.

Y en lo segundo en lo que se está viendo francamente mal es en la manifestación de un carácter irascible y temperamental, del que sorprendentemente dio dos muestras en la pasada Copa Confederaciones.

Se peleó con el auxiliar de la selección de Nueva Zelanda, al que terminó insultando soezmente en inglés (“hijo de puta”, le dijo)… Tan visceral fue su reacción que minutos después salió a disculparse.

Y lo que pasó el domingo, en el duelo por el tercer lugar contra Portugal, habla de que el descontrol que mostró, al insultar de forma también soez, pegando su boca al oído de uno de los árbitros asistentes, forma parte de su personalidad. Tan oprobioso resultó el acto que recibió la tarjeta roja.

El tema es que Osorio se había mostrado en su trato con los periodistas y la afición misma siempre en un tono no solo educado, sino educadísimo y cordial.

Es válido preguntarnos: ¿qué nos espera ahora del señor Osorio? Cuando vengan tiempos complejos, que bien pueden darse en unos días durante el desarrollo de la Copa Oro, ¿cómo va a reaccionar?

La realidad es que su reacción ese día en Moscú fue completamente sobrada. Sobre todo cuando, si a un equipo benefició este sistema llamado VAR (de revisión de decisiones arbitrales polémicas) fue precisamente a la selección mexicana. 

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