A balón parado

La cara escalofriante de un asunto descuidado


No me gusta nada ver que a la policía, a esos encargados de resguardar la seguridad de los ciudadanos, se les termine humillando y agrediendo como sucedió la noche del pasado sábado en una de las tribunas del Estadio Jalisco.

Se podrá incubar el problema con la autoridad en cada persona que usted quiera, se podrá acusar de brutalidad a esos agentes del orden, pero eso no tiene nada que ver con el sentir una especie de desolación y abandono al ver a esas fuerzas de seguridad, pagadas y mantenidas con nuestros impuestos, sucumbir de una manera tan salvaje.

¡Qué escalofrío!

Algunas de las imágenes que vimos en plena zona alta del Estadio Jalisco van a quedar en mi mente por mucho tiempo. Esa en la que dos policías al borde de la inconsciencia literalmente cuelgan medio cuerpo sobre una de las bardas de contención, y uno a uno reciben golpe tras golpe de muchachos perdidos por la furia y el odio.

Otra, un agente yace en el piso, también al borde de la inconsciencia. En ese estado recibe y recibe patadas de los mismos fanáticos convertidos en verdaderos criminales. La crueldad pura respaldada por la impunidad más amplia.

Y quizá la escena más difundida hasta ahora: la del policía sentado en una grada, desconsolado y con el rostro sangrante, mirando, seguramente sin ver, hacia abajo, al campo de juego.

Hay algunos testimonios que aseguran que fueron los elementos policíacos los que ingresaron a la tribuna repartiendo toletazos a diestra y siniestra. No lo dudo. Si algo caracteriza a la mayoría de los cuerpos de seguridad asignados a los estadios es su falta de preparación en todos los sentidos.

Pero esto no justifica lo que vimos. Y mucho menos que algunos de los que agredieron se dediquen a hacer escarnio de lo que provocaron a través de sus cuentas en redes sociales como el twitter.

En fin, el no tomarse en serio el tema de la violencia ha provocado que el futbol profesional de este país otorgue una de las imágenes sociales más grotescas.

rafael.ocampo@milenio.com

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