A balón parado

La burla de Boy a los cruzazulinos y su significado

– Tomás Boy se apoderó del Cruz Azul para mal. La confianza que la directiva depositó en él para hacer un equipo triunfador no la ha correspondido en ningún sentido: en la cancha los cementeros son un equipo que va a la baja, incapaz de clasificar a la Liguilla en los dos torneos que lo ha dirigido este señor y, para colmo, metidos en serios problemas de descenso.

Fuera de la cancha, o más bien en lo que proyecta su comportamiento hacia fuera, es decir hacia la tribuna y los espectadores, se le ha permitido un comportamiento provocador, lo que ningún otro entrenador de este club ha tenido. O no al menos sin que sea sancionado o alejado de la institución por ello.

¿Cuál es el peso de un personaje como Eduardo de la Torre en este equipo? ¿Para qué está este ex jugador y ex entrenador? ¿Solo para contratar jugadores? ¿Hay alguna línea marcada en función del estilo de juego? No se ve.

¿Quién cuida el código de comportamiento? ¿No lo ha violado Tomás Boy?

La figura del Yayo de la Torre es fantasmal. Y si no es él quien tiene que poner orden pues entonces es el mismísimo Guillermo Álvarez Cuevas, el presidente del equipo.

Me parece que el Cruz Azul no se cansa de llegar al límite del oprobio. Cada día se desdibuja más. El chistecito de Boy de burlarse, de retar o de provocar a los aficionados que lo cuestionan con razones, les puede salir muy pero muy caro.

Hay un movimiento creciente de seguidores de este equipo que empiezan a explorar las formas para que el club de sus amores no siga en caída libre.

Es increíble que no se den cuenta, Álvarez Cuevas y compañía del riesgo que corren en todos los sentidos.

Ni el Yayo de la Torre, ni Tomás Boy, ni el presidente del equipo, están a la altura del reto. Eso queda muy evidente. El mal del Cruz Azul son todos. No habría por qué pensar que van a poder con el paquete los que no han podido en los últimos 19 años. Qué triste y qué funesto futuro.   

rafael.ocampo@milenio.com

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